El empleador es automáticamente responsable del acoso por parte de un supervisor que resulte en una acción laboral negativa, como despido, falta de promoción o contratación y pérdida de salario. Si el acoso del supervisor resulta en un ambiente de trabajo hostil, el empleador puede evitar la responsabilidad sólo si puede probar que: 1) trató razonablemente de prevenir y corregir rápidamente el comportamiento de acoso; y 2) el empleado injustificadamente no aprovechó ninguna oportunidad preventiva o correctiva proporcionada por el empleador.