Menos exigencia, más sentido
Crecí en un entorno donde el esfuerzo era el único camino permitido. Hacer más, dar más, exigirme siempre un poco más. Con el tiempo, ese modo de vida me pasó factura: ansiedad, desgaste, sensación de vacío.
Fue entonces cuando busqué otra forma de entender el crecimiento personal. A través del coaching pude explorar mi historia con más amabilidad. No para justificarme, sino para comprenderme.
Aprendí que no todo avance es lineal, que a veces hay que retroceder para tomar impulso, y que cuidarse no es sinónimo de debilidad. Hoy acompaño a otros a transitar ese mismo camino.
Creo en el poder de las preguntas bien hechas, en los espacios de escucha real y en el valor de soltar lo que ya no hace sentido. Porque ser libre empieza por no tener que demostrarse nada a uno mismo.